Desde el momento de su nacimiento, el bebé estará predispuesto a relacionarse con otras personas. Diversas investigaciones demuestran el interés innato del bebé por otros rostros humanos.

La primera relación de un bebé será, por supuesto, con la madre. Esta es la relación básica y la figura sobre la que construirá su “base segura” desde la que dará rienda suelta a su “exploración del mundo”. Es recurrente el comportamiento, por parte del pequeño, de alejarse momentáneamente de ella recuperando el contacto visual cada poco tiempo. Explorará un juguete, una textura, cualquier objeto y tratará de establecer de nuevo contacto visual. Si no lo consigue, buscará a la madre y volverá hacia ella. Así irá construyendo una relación de confianza.

La ampliación de esta relación hacia otros individuos de su entorno es muy importante ya que, de sentirse seguro, el niño, se abre al mundo sin miedo y su capacidad de explorar y su curiosidad crecen; aprenderá, poco a poco, a buscar solución a los problemas que se le vayan planteando y, en general, se relacionará mejor. Resumiendo: saberse querido y seguro potenciará que se haga un niño con confianza en si mismo.

Entre los 4 y los 7 meses

En este período ocurren cambios físicos muy importantes en el niño y que influirán en su relación con el entorno y con las personas que le rodean. En primer lugar empezará a pasar más tiempo despierto que dormido, al contrario de lo que ocurría hasta ahora y, por otra parte, ya puede mantenerse sentado, por lo que el mundo que le rodea puede ser escrutado más fácilmente.

Esta combinación va a contribuir a que aumente su interés por el entorno. Pero además va a ir aumentando su curiosidad hacia las personas en detrimento de la que mostraba hasta el momento por objetos y juguetes. La gente será mucho más interesante para él!!! También comenzará aquí a conectar sentimentalmente con otros y así lo expresará mediante llanto o sonrisas según se le hable brusca o melódicamente.
Alrededor de los 5 meses comenzará a ampliar su repertorio en cuanto a sonidos y así empezará a utilizar otros para llamar la atención, o el llanto cuando no le guste algo. Comenzará también a expresar más emociones como satisfacción, agrado, desagrado, cansancio, etc.

Entre los 6 y 7 meses comprobaremos otras progresiones como pueden ser que distingue miembros de la familia o que comienza a mostrar timidez.

El refuerzo de los lazos afectivos

Como ya hemos dicho, los padres serán los primeros intermediarios entre el bebé y el resto de la sociedad. Son los que actúan de puente con el resto de la familia, amigos, y, en definitiva, con el mundo que rodeará al bebé, por ello debe potenciarse la sensación de seguridad física y afectiva. Esto sentará las bases de su autoestima y facilitará las relaciones futuras a medida que crezca. ¿Cómo hacemos esto? Atendiéndole y dándole un colchón afectivo mediante contacto físico y actividades lúdicas e interesantes para él como pueden ser los juegos.